Hace rato no escribía en el blog porque estaba rayada, así como tampoco solía seguirle la conversación a tantos taxistas porque iba rayada en el trayecto, o por raye general. Ayer fue la excepción. Me monte en un taxi, una carrera de 10 minutos o menos. Su chofer: Pedro, hombre blanco, sesentón, samario y pensionado.